Encuentros cercanos de Tercer Tipo: CASO IMJARVI

ENCUENTROS DE TERCER TIPO

7 de enero de 1970. Está empezando a anochecer, ya se puede ver alguna estrella en los cielos limpios de los Bosques de Imjarvi, al sur de Finlandia. Todo estaba nevado, y en las faldas de las montañas, grandes extensiones de árboles ya van oscureciendo sus verdes hojas por la caída del sol. Bajando la ladera de la montaña, Aarno Heinonen y Esco Viljo van haciendo esquí de fondo y quieren llegar rápido a la cabaña antes de que oscurezca por completo.

Aarno Heinonen de 36 años es el guardabosques de la zona y Esco Viljo de 38 años es ganadero, los dos comparten una gran afición al esquí de fondo. Entrenan todos los días, cuidan su dieta, no beben ni fuman y participan en numeras competiciones.

Todo está nevado, la temperatura es de uno 17 grados bajo cero, y Esko ya va cansado.

– Si no paramos ahora vas a acabar conmigo. Dijo Esko

– Llegamos al calvero que hay un poco mas abajo y descansamos. Vamos Esko… si sabes que siempre hacemos lo mismo

Mientras bajan el viento va aflojando, la temperatura es un poco más agradable y el silencio cada vez se va haciendo más evidente. Llegaron al calvero y se sentaron a descansar en unas rocas.

– Da gusto vivir estos momentos. Exclamó Aarno mientras se acomodaba en su improvisado asiento

Aarno sacó su botella de agua y se la pasó a su amigo. Esko hecho un buen trago y después de limpiarse la boca con el guante se pusieron a hablar del partido que se jugó el día antes. A los 5 minutos de estar sentados, los esquiadores empiezan a escuchar un zumbido que viene de lejos. Miraron hacia al cielo a ver si era algún avión; aunque era un sonido que no podían identificar muy bien. Y cuando dirigieron sus miradas hacia el norte distinguieron en el cielo una luz que se movía.

– Pero…  ¿qué demonios es eso? Dijo Esko un poco asustado.

Aarno no logró reproducir palabra. Estaba haciendo muecas y abriendo y cerrando los ojos para desentumecer los músculos de la cara y poder enfocar mejor.

El zumbido cada vez era más fuerte y la luz cada vez estaba más cerca del suelo y más cerca de a ellos. La luz desprendía humo que salía por la parte superior y  giraba alrededor suya de una forma terrorífica. El humo de esta niebla era rojo-grisáceo y desprendía una luz pulsante.

Los esquiadores estaban impresionados, paralizados por la surrealista escena que están viviendo. La esfera empezó a descender, el zumbido se intensificaba, la niebla desaparecía poco a poco.

Cuando la esfera luminosa estaba a unos escasos dos metros de sus cabezas se volvió a parar; y el tubo que tenía en su parte inferior proyectó hacia el suelo un rayo de luz muy luminoso en forma de cono que dibujaba un círculo de un metro y medio de diámetro, rodeado por una línea negra. Este rayo empezó a dar vueltas como si estuviera reconociendo el terreno, pero al poco se paró justo debajo de la esfera metálica.

La niebla “rojogrisacea” volvió a hacer acto de presencia cayendo ladera abajo y en pocos segundos cubrió todo el bosque, apenas se podían ver árboles salvo los que tenían a pocos metros. Ésta impresionante escena le sobrecogió tanto a Aarno que se cayó hacia atrás quedando sentado sobre la nieve. El zumbido cesó, Esko salió de su letargo y rápidamente se agachó a socorrer a su amigo.

-¡Aarno¡, ¿estás bien?

Pero Aarno no hacía caso, no dejaba de mirar al frente sentado en el suelo con cara de terror. Una cara que Esko nunca le había visto. Y cuando dirigió su mirada al punto donde estaba mirando Aarno; su sangre se heló por completo. Un extraño ser esta en medio del circulo. Esko cogió a su amigo rápidamente y lo puso de pie, pero el terror los paralizaba.

No podían dejar de mirarlo, este ser no media más de un metro, sus piernas y brazos eran muy delgados y estaba enfundado en un mono verdoso. En la cabeza llevaba un gorro en forma de pico metálico, en los pies presentaba unas botas de un verde más oscuro que le llegaban a las rodillas y en las manos, unos guantes blancos que le llegaban hasta los codos. Aunque el traje parecía despedir cierta luminosidad su cara era muy pálida, tenia una extraña nariz ganchuda y sus orejas eran pequeñas y se iban estrechando por su parte superior. Con sus manos, que más bien parecían garras, sostenía una caja negra a la altura de su cintura.

De esta caja negra se abrió una pestaña circular de la que brotó un rayo de luz amarillento y pulsante. Mientras los esquiadores seguían paralizados, el humanoide, de un rápido giro hizo impactar el rayo de lleno en Aarno. La luz se iba haciendo cada vez más cegadora y alrededor de los dos hombres, haciendo grandes curvas, se formaron luminarias de varios tamaños y colores. Parecían inofensivas porque algunas de ellas tocaban sus cuerpos, pero los esquiadores no se fiaban en absoluto. La niebla empezó a espesarse tanto que ya lo cubría todo, los amigos dejaron de verse entre ellos e incluso dejaron de ver al extraño ser.

Pasarían 20 segundos cuando súbitamente la niebla desapareció, en el haz de luz ya no estaba el ser verdoso. El rayo se apagó y a gran velocidad la esfera salió disparada hacia el cielo desapareciendo en pocos segundos. El silencio lo inundó todo, la noche era ya cerrada y en el cielo se podían distinguir miles de estrellas.

Los dos hombres tardaron en reaccionar, y cuando lo hicieron fue para buscar asiento y poder descansar. Se sentían exhaustos, las piernas las tenían muy pesadas. Los dos se quedaron largo rato sentados sin decir nada, centrados en sus pensamientos, incrédulos de lo que había ocurrido. Aarno se tocó su costado derecho, y no lo sentía. Empezó a recordar la situación y casi con lágrimas en los ojos dijo:

-Esko, creo que esa cosa me ha dado, no siento el costado donde me ha impactado el rayo, y la pierna me duele mucho.

Se intento poner de pie para esquiar, pero se cayó al suelo, se sentía débil. Por si solo, el no seria capaz de dar un solo paso.

-Calma, tranquilízate, seguro que no es nada, eso ha sido cuando te golpeaste antes al caerte, y tienes la zona adormecida aún.

Esko lo ayudo a levantarse, le quitó los esquís y se fueron de allí andando todo lo rápido que sus maltrechos cuerpos les permitieron. Tardaron una hora en llegar a casa de los padres de Aarno, que vivían en el pueblo de Heinola.

Nada mas entrar a la casa fue al baño a miccionar, y se dio cuenta que su orina era negra. Ya tumbado en la cama, padecía de fuerte dolor de cabeza además de espalda y extremidades. Los dolores eran ya tan intensos que esa misma noche, sobre las 8:00 llamaron al Doctor Pauli Kajanoja. Tras las pruebas pertinentes el doctor llegó a la conclusión de que Aarno estaba en estado de shock administrándole un somnífero para poder dormir esa noche.

Al día siguiente el doctor volvió a visitarle, y vio que los mismos síntomas persistían incluso agravados; le costaba mantener el equilibrio cuando intentaba ponerse de pie y temblaba sin llegar a tener fiebre. Esta vez el doctor Kajanoja le recetó unos tranquilizantes. El día 14 de Enero el Doctor visita por tercera vez a Aarno. Increíble, los síntomas no cesaban, cada vez estaba peor. Esta vez le mandó que tomara un medicamento para la circulación sanguínea. Pero seguía sin mejorar. Ya a mediados de Mayo Aarno tuvo que escribir una carta al investigador sueco Sven‑Olof Fredrickson, quien estaba siguiendo su caso. En la carta refirió lo siguiente:

“Continúo enfermo. Tengo dolor en la cabeza y en el cogote, y también en el estómago y en la espalda. Me noto la mano derecha muy pesada. No puedo trabajar. Mi estado apenas ha mejorado desde el pasado invierno. Los médicos de Heinola no saben qué hacer conmigo. ¿Es que el Gobierno no tiene dinero para ayudarnos? He tratado de obtener algún subsidio de las autoridades, pero no he conseguido nada. Creo que tendrían que darme alguna clase de subsidio, porque no puedo trabajar y nadie sabe qué tengo. Fui a visitar el lugar donde vimos el objeto, y después de esto me sentí aún más enfermo.”

Además de todo lo que cita en la carta, Aarno, sufría ataques de amnesia. No recordó plenamente lo ocurrido hasta transcurrido algún tiempo después del incidente. A comienzos de junio seguía sintiéndose aún muy débil. Desde enero apenas probaba bocado. Cómo un hombre de un estado de forma envidiable terminó sin poder realizar cualquier actividad, el trabajo más insignificante le dejaba largo tiempo fatigado.

En cuanto a Esko Viljo no sintió nada raro hasta una hora después del encuentro con el humanoide. Estando en la casa de los padres de Aarno empezó a notar que la cara se le hinchaba y se le enrojecía y el equilibrio le estaba empezando a fallar al caminar. Ese mismo día del encuentro también fue al Doctor Kajanoja que le prescribió unas pastillas para dormir. Pero igual que a su compañero, al día siguiente los síntomas persistían y se iban agravando con el tiempo, el pecho y las manos también se le enrojecieron.

A los dos días tubo que volver al médico porque estaba sufriendo de fuertes dolores de cabeza además de los síntomas antes mencionados. El doctor le mandó unos calmantes. Pero aquí no acabaría sus visitas a los médicos. El 12 de enero visitó a un oftalmólogo de Lahtis, porque le dolían los ojos y los tenía hinchados. El oftalmólogo le prescribió un colirio. El 14 volvió a visitar al Doctor de Heinola, quien le recetó un medicamento para activar la circulación. El 17 visitó de nuevo al doctor Kajanoja, que, tras reconocerlo cuidadosamente, no le encontró nada anormal. No daba con la cura para el enrojecimiento del cuerpo de Viljo.

A mediados de Mayo Esko escribió una carta al investigador del caso citando lo siguiente:

“Algunas personas que visitaron el lugar de la observación, también se sintieron mal un par de días después. ¿Puede ésto ser alguna clase de infección?”

El doctor Kajanoja, después de haber reconocido a los dos hombres, manifestó:

“Creo que ambos sufrieron un tremendo shock. Esko Viljo tenía la cara roja y congestionada, y los dos parecían hallarse abstraídos. Hablaban atropelladamente y con incoherencia. No encontré nada clínicamente anormal en Aarno. Manifestaba no encontrarse bien, pero esto podía deberse a una reacción estomacal provocada por el shock. Los síntomas que manifestaba corresponden a los que produce la exposición a una fuente radiactiva. Por desgracia, yo no disponía de instrumental adecuado para medir la radiactividad. En cuanto a la orina negra, no le encuentro explicación. Es posible que contuviera sangre, pero tal estado no podía prolongarse durante meses. Me resultó imposible establecer un diagnóstico, y, en consecuencia, no pude prescribirles ningún tratamiento concreto.”

A comienzos de junio de ese mismo año, un reportero sueco con su fotógrafo les invito a los dos a visitar el lugar mientras les entrevistaba y hacían algunas fotos por la zona. Pues bien, al poco tiempo de estar en el sitio del encuentro a Esko se le enrojecieron las manos y Aarno tuvo que abandonar el lugar porque de repente le atacaron fuertes dolores de cabeza.

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