LAS CARAS DE BELMEZ

CARAS DE BELMEZ

Agosto de 1971, después de un día caluroso el sol se va ocultando en Bélmez de la Moraleda. María, vecina del pueblo, prepara sus utensilios de cocina junto al fuego de la chimenea para empezar a preparar la cena. Era una cocina austera, con paredes encaladas, techos de madera también encalados, una chimenea empotrada en medio de la pared y las estanterías decoradas con fotos y alguna que otra figurita. También tenía un silloncito y sillas de madera con el asiento de esparto donde solía recibir a las visitas. Y el suelo era de cemento pulido, gris y desgastado por el tiempo.

Pone la sartén al fuego, y tranquilamente comienza a echar los ingredientes. Mientras esta removiendo la sartén, a María le llama la atención algo en el suelo. Parece una mancha, pero una mancha con forma de cara, una cara que estaba frente a sus pies mirándola fijamente. El rostro presentaba ojos grandes y alargados, cejas pobladas, parece que se le dibuja un bigote, la boca entreabierta, y una expresión muy inquietante. La señora siente un escalofrío que empieza a recorrerla todo el cuerpo. Todo el pelo de su cuerpo se empieza a erizar, notaba como le temblaban las piernas. “No puede ser” es lo que en su cabeza no paraba de sonar sin comprender como ese rostro se había formar allí. María se sienta en su silla sin quitarle ojo a la cara. Con mucho miedo, se acerca a la mancha para tocarla por si fuera aceite o algún otro producto. Pero no, no hay nada, y eso la aterrorizo aún más, tanto que salió corriendo de la cocina.

Miguel, el hijo de María, ya no sabía qué hacer para quitar la mancha del suelo, había probado con todo tipo productos de limpieza. Dia tras día frotaba y restregaba, pero la cara seguía ahí, desafiante. La preocupación del hombre iba en aumento. Todo el tiempo se hacia las mismas preguntas: ¿quién podría estar detrás de todo esto?,¿Por qué este tipo broma?, ¿con que propósito?

Como era de esperar, los rumores empezaron a correr por todo el pueblo. Unos decían que era el rostro de un difunto que le habían enterrado vivo en la casa, pero la mayoría creían que era el rostro de Cristo, que había aparecido en el suelo milagrosamente. La gente empezaba a acercarse a la casa para poder ver el milagro, y esto le ponía muy nerviosa a la familia.

Un buen día, Miguel ya preocupado, decide poner fin a toda esta historia, veía que en cualquier momento se le podría ir la situación de las manos. Entonces, cogió un pico y le pego a la cara con todas sus fuerzas. Las esquirlas saltaron por todos lados, y el rostro quedo destrozado. El hombre siguió picando hasta extraer la cara por completo. Todo el deterioro que sufrió el suelo por los picotazos fue arreglado echando de nuevo cemento. El suelo quedo impecable, sin ninguna señal de mancha.

A la semana, Miguel fue a casa de su madre de visita, y al pasar por la cocina no se lo podía creer. Otra cara había salido de nuevo en el mismo lugar donde antes estaba la otra, enfrente de la chimenea. Esta otra cara apareció con más fuerza y muy similar a la anterior. La familia ya empezaba  asustarse.

En septiembre del 71, la prensa ya lanzo la primera noticia. El diario “Ideal” de Jaén hablaba sobre la aparición de una cara en una cocina de un pueblo de Jaén. Ya era imposible parar el rumor. Los vecinos estaban divididos entre la curiosidad y el miedo, unos ni se atrevían a pasar por la misma calle de la casa, pero la mayoría querían entrar a ver el extraño fenómeno. El alcalde del pueblo tenía que poner, casi a diario, una pareja de la guardia civil en la puerta, porque la gente se agolpaba de tal manera que llegaron a tirarla abajo en varias ocasiones.

En apenas un día surgieron nuevas caras sobre el reciente rellenado de hormigón. Esta nueva cara era completamente distinta, parecía de mujer y a su alrededor otras más pequeñas, como de niños. Estas caritas de niños cambiaban a los pocos días, o desaparecían y aparecían otras nuevas. La gente pensaba que las caras tenían vida, y al igual que el ser humano cambia a lo largo de su vida, las caras también.

Se movilizaron miembros de la Brigada de investigación criminal de Sevilla y de Madrid, la Guardia Civil y la Junta de energía nuclear para ver que había de singular en ese extraño suelo. Se estableció un perímetro de seguridad y las investigaciones comenzaron. Mientras tanto, los periodistas, vecinos y forasteros se reunían en la calle ansiosos por una mínima información, pero nadie sabía que es lo que estaba ocurriendo allí dentro. El caso se había convertido en todo un fenómeno de masas. Dentro de la casa se montaron los equipos más avanzados que había para la época. Se hicieron todo tipo de pruebas en la cocina incluso el primer rostro que apareció se extrajo de su sitio para poder ser examinado mejor. Pero los expertos no encontraron nada, ni restos de pintura ni de cualquier otro material. Parece que las caras son reales, no son ningún fraude.

Algunos expertos al no encontrar prueba alguna, pensaron que la solución podría estar en el subsuelo y empezaron a excavar dentro de la cocina, en los huecos que habían dejado al extraer algunas de las imágenes. Pronto comenzaron a aparecer huesos, huesos humanos de niños de entre 10 y 15 años, pero no encontraron ningún cráneo.

Mientras se intentaban acallar los rumores que corrían sobre los huesos encontrados, en el suelo de la cocina aparece una nueva imagen, la conocida como “el feto”. Se veía claramente un bebe en posición fetal, incluso se podía intuir el cordón umbilical.

La casa se precinta ante notario durante 3 meses para tener la seguridad de que allí no entrara nadie. Al finalizar este periodo, los expertos se encontraron con que el fenómeno continuaba aun con más intensidad que al principio. Algunas caras habían desaparecido, pero otras, misteriosamente habían cambiado sin dejar rastro del antiguo trazo y, además, nuevas imágenes habían brotado del suelo.

En febrero de 1972, llega a Bélmez de la Moraleda Germán de Argumosa, parapsicólogo español con muy buena reputación en toda Europa por estudiar este tipo de casos. Llega designado por el Gobernador Civil José Ruiz de Gordoa con un objetivo muy claro, descubrir el fraude que hay tras “las caras de Belmez”. Todas las autoridades estaban expectantes.

Una noche pusieron el magnetofón a grabar en la vieja cocina. Los expertos salieron de la estancia y cerraron bien todo para que no se filtrara ningún ruido. Al término de la prueba, Germán apretó el botón de play, y lo que empezó a sonar pilló por sorpresa a todos los presentes. Se podían escuchar claramente voces de niños y niñas chillando y llorando. También aparecía una voz que decía “Sofía” y otra que decía “Sacadme de aquí”. Los resultados fueron tan espectaculares que muchos escépticos cambiaron de opinión.

Todos los periódicos recogieron esta nueva información, “las Caras de Bélmez hablan”. Esta noticia fue la excusa perfecta para que la multitud fuera en masa al pueblo. Todos querían conocer de cerca el misterio, todos querían tocar lo inexplicable. Llegaban más 10.000 personas diarias a la pequeña localidad, donde antes nunca pasaba nada.

Y mientras, en el suelo seguían surgiendo nuevos rostros y otros desaparecian. Una de las nuevas caras era la de un anciano visto de perfil, con una barba larga, nariz aguileña y una especie de sombrero. Luego también estaba la conocida como “el padre y el hijo”. En esta imagen, aparece un hombre y un niño con los brazos en posición de oración. También aparece “el Pelao”, un hombre calvo con los brazos cruzados. Todas estas imágenes con el tiempo van cambiando. Sus rostros van envejeciendo y se van transformando casi en calaveras. Donde antes se podían ver claramente ojos, con el transcurso de los días se podía ver cuencas vacías.

El 25 de febrero de 1972, el diario “El Pueblo” publica una noticia que le da una estocada casi mortal a las caras. “Se acabo el misterio” así decía el titular de la noticia, todo era un fraude. Las caras fueron pintadas con nitrato de plata, que al contacto con la luz solar se oscurecía y salía la imagen a la superficie.

La noticia cayó como una bomba en toda la sociedad. La desilusión fue colectiva. Mucho o poco, todos creían que algo de misterio escondían esas extrañas caras. Pero de repente todo era mentira. Las caras de Bélmez, en poco tiempo, pasaron de ser tema de interés general, a tema de chistes y bromas.

Pero después de 40 años, se descubre que la noticia era falsa. Todas las pruebas que todos los expertos que hicieron en ese suelo daban negativo. No se encontró ninguna explicación, el misterio era real, y las autoridades lo sabían. Al gobierno franquista, no le gustaba toda esta corriente de histeria que estaba creciendo alrededor de las caras. Había gran preocupación, sobre todo por Carmen Polo, la mujer de Franco, de que todo este fenómeno no fuera a ser de carácter religioso. Se había interesado mucho por el tema, al punto que pidió informes sobre las investigaciones.

Entonces se puso en marcha la “Operación tridente”. Los periodistas fueron silenciados de inmediato y muchas líneas de investigación se abandonaron sin salir nunca a la luz.

El alcalde de Bélmez, Manuel Rodríguez Rivas, se reunió en Madrid con el Ministro de Gobernación Tomas Garicano Goñi, para recibir órdenes precisas de lo que tenía que decir y hacer. Desde ese día, El alcalde renegó por completo de las caras afirmando que todo era un montaje.

También llamaron al director del diario “Pueblo”, Emilio Romero. Emilio recibió la orden de que esto tenía que acabar ya, había que buscarle una solución al fraude, y entonces publicaron la línea de investigación que creyeron mas natural … la noticia de las sales de plata.

En 1990, Lorenzo Fernández Bueno e Iker Jiménez Elizari, periodistas sobre casos de misterio, reabren la investigación sobre las caras, ya que no quedaron muy convencidos con las explicaciones que se dieron. Porque si el caso era un frade, ¿Por qué el fenómeno continuaba en una cocina que ya nadie prestaba atención? Porque el suelo seguía vivo, seguía expulsando imágenes a la superficie, transformándolas o borrándolas para siempre. “La Dama de la copa” aprecio con su mano extendida y como por arte de magia con el tiempo le fue apareciendo una copa en la palma de la mano. Como ésta, muchas imágenes más habían aparecido en esta época de silencio, “La dama de la horrible mueca”, “el maestro”, “la mujer desnuda”, “la familia”, “la faz del miedo”.

Las investigaciones dieron su fruto, y publicaron muchas fotos con estas nuevas caras descubiertas. También descubrieron mucha información sobre la “Operación Tridente”, sacaron a la luz actas notariales e informes químicos y radiactivos ocultados en la época. Y confirmaron que la noticia del nitrato de plata era mentira, ya que en todas las pruebas que realizaron y en todos los informes que encontraron hechos por el estado en época de democracia, no se encontró ni rastro de este químico.

En 2004 murió María Gómez Cámara, la dueña de la casa. La casa siempre ha estado abierta al publico desde que se inicio el fenómeno, pero desde su muerte se puso un horario solo de fines de semana.

En febrero de 2013 se inaugura el Centro de interpretación de las Caras de Belmez. Museo exclusivamente dedicado al misterio de las caras.


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Un fenómeno misterioso que aún nadie ha logrado resolver, unos rostros atormentados surgen del suelo de cemento, en una cocina de una sencilla casa de Bélmez, éstas imágenes afloradas como sombras en el suelo parece que nos quisieran contar su historia.

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