TUTANKAMON. La Maldición de un faraón

LA MALDICIÓN DE TUTANKAMON

Durante 420 años, al menos veintiocho faraones fueron enterrados en el Valle de los Reyes y más de cincuenta equipos de arqueólogos fueron encontrando la mayoría de los enterramientos que se conocían hasta la fecha a lo largo del siglo XIX y comienzos del XX. Theodore Davis, que peinando el valle había encontrado unas treinta tumbas entre 1902 y 1914, declaró que consideraba agotado el yacimiento del Valle de los Reyes. Sin embargo, en 1907, el equipo de Davis encontró una pequeña cámara, la llamada KV54, conteniendo objetos funerarios con el nombre de un desconocido faraón. Pensando que era la tumba de este monarca, Davis concluyó la excavación. Pero Carter no estaba de acuerdo, el lugar era demasiado pequeño y basto para ser una tumba real, estaba convencido de que todavía no se había encontrado la tumba del rey niño.

Howard Carter tan solo tenía 17 años cuando llegó a Egipto como dibujante. No tenía grandes conocimientos de arqueología, pero al ir de excavación en excavación bajo la tutela de grandes arqueólogos, tuvo una enseñanza digna de las más prestigiosas universidades. Gracias al gran potencial que había desarrollado y la experiencia que acumulaba, a los 25 años de edad fue nombrado Inspector jefe de antigüedades del Alto Egipto.

En el periodo que estuvo como inspector jefe, hizo que la ley se aplicase y perseguía con gran determinación a los saqueadores de tumbas y traficantes de arte, llegando a crear un fichero con los moldes de las huellas del calzado de los ladrones.

Cinco años después de su nombramiento como Inspector jefe, le nombraron Inspector jefe del Bajo Egipto. Cargo que todo egiptólogo soñaba conseguir algún día. Carter no soportaba a los turistas ricos que solo iban de paseo a molestar, a veces, incluso a crear reyertas con los trabajadores de su equipo. Las altas estancias siempre se ponían de parte de los turistas y el arqueólogo al creer que se producía una gran injusticia con su gente, dimitió.

Durante los siguientes tres años pasó a un segundo plano hasta que conoció a George Herbert el quinto Conde de Carnarvon. Lord Carnarvon tuvo un accidente de coche cuando era joven y a raíz de ello, su salud quedó resentida. Cada vez era más vulnerable a la fría y húmeda Inglaterra, y por esta razón decidió viajar a países con climas más cálidos.

Así, terminó en Egipto. Carnarvon se aburría y empezó con la arqueología como hobby. Sus primeras excavaciones no fueron un éxito precisamente y él todo lo achacaba a sus limitaciones como arqueólogo. Decidió recurrir a un profesional, un hombre con extensos conocimientos, alguien con una dilatada experiencia en supervisar excavaciones serias. Ese hombre era Howard Carter. Trabajando juntos hicieron algunos importantes hallazgos, pero el sueño de los dos era excavar en el Valle de los Reyes.

En ese momento, los permisos para excavar en el Valle los tenía el millonario estadounidense Theodore Davis y los tenía en exclusividad. Esto quería decir que hasta que Davis no finalizara su trabajo en el Valle, ni Carter, ni nadie podría entrar a excavar.

Años después y tras grandes esfuerzos, por fin consiguieron los permisos para trabajar en el valle de los Reyes.

A Carter lo motivaba una vieja obsesión. Encontrar la tumba de ese desconocido faraón de la dinastía XVIII, Tut-Ankh-Amun. Todavía era una posibilidad, su tumba no se había descubierto y su cuerpo no había aparecido en ningún escondrijo ni era ninguna de las momias que habían aparecido hasta el momento.

En 1917 comenzaron los trabajos de Carter Y Carnarvon. Su sueño se estaba cumpliendo, empezaron con muchas ganas e ilusión, llegando a utilizar a más de 100 trabajadores al mismo tiempo en varios proyectos. Pero cinco años después, la búsqueda no había dado los frutos que esperaban. Carnarvon estaba a punto de abandonar, los trabajos de búsqueda estaban siendo muy dificultosos, los costes demasiado elevados y estaba empezando a frustrarse.

Carter le dijo que le dejara limpiar una última zona, que incluso estaba dispuesto a poner su propio dinero para financiar esta última excavación. Si después de limpiarla no encontraban nada, se retirarían. El entusiasmo de Carter le convenció y siguieron trabajando en el Valle de los Reyes.

Había una zona cerca de la tumba de Ramsés VI, la llamada KV35, donde se encontraban los restos de unas casetas de trabajadores de la época de Ramsés, a la que nadie había hecho caso por su escaso interés arqueológico. Esta era la última bala de Carter.

En estas expediciones arqueológicas en mitad del desierto con temperaturas superiores a los 40°, era normal tener en el equipo a niños de la zona para que fueran repartiendo agua entre los trabajadores. Husein Abdel Rasul de 10 años era uno de los aguadores de la expedición de Carter. La mañana del 4 de Noviembre de 1922, el niño intentando asentar una de las tinajas en el suelo para que no se callera, descubrió algo que parecía un escalón. El arqueólogo enseguida mando a todos sus hombres a sacar arena y poco a poco iba apareciendo una escalera.

Al final del día siguiente, habían conseguido despejar doce escalones que conducían a una puerta cerrada y posiblemente intacta. Esta puerta presentaba unos sellos que hacían indicar que era una tumba y que había sido construida para alguien importante.

En el momento del hallazgo, Carnarvon se encontraba en Inglaterra. Carter le mandó un telegrama para que viajara rápidamente a Egipto y así poder abrir la puerta juntos y disfrutar del descubrimiento.

“Por fin hemos hecho un gran descubrimiento en el Valle, una tumba magnifica con los sellos intactos, recuperados para su llegada, Felicidades.”

Carter.

Siguieron con las excavaciones, la escalera descubierta parte de una pequeña plataforma y consta de 16 escalones que llevan a la primera puerta sellada. Cuando retiraron los escombros de la puerta esta rebelo una serie de sellos y en uno de ellos aparecía un nombre: Tutankamón. Finalmente, dieron con el faraón olvidado. Esta puerta ya tenía señales de haber sido forzada por ladrones en la antigüedad, ¿serian estas malas noticias?

Al otro lado de la puerta hallaron un corredor descendente lleno de escombros que en casi dos días lograron despejarlo. Las paredes no tenían ninguna clase de talla o pintura y al final del corredor había otra puerta.

Lord Carnarvon llego a Egipto y tres días después, el 26 de Noviembre de 1922 ya con él presente y la de algunos familiares y amigos, se procedió al momento más esperado, la apertura de la puerta. 

Con una barra de hierro rompieron la parte superior de la puerta para abrir un agujero en una esquina, Carter metió una vela por el hueco, y esta casi se apaga por el aire caliente que salía del interior de la tumba. Cuando la llama se estabilizó, empezó a ver el interior, los objetos y estatuas se comenzaron a distinguirse y las piezas de oro centelleaban entre la penumbra. El arqueólogo se quedó impresionado y Lord Carnarvon, viendo su cara de estupefacción, le pregunto intrigado: -¿Howard, que ves?-, a lo que Carter le respondió, -Cosas maravillosas-.

Hicieron más grande el agujero de la puerta y consiguieron entrar. En el interior de la tumba se dieron cuenta que las paredes estaban sin decorar y flotaba un tenue perfume a aceites y flores, como si el entierro hubiese sucedido hace pocos días. La cámara contenía numerosos objetos, Carter lo describió como “un caos organizado”. En la que fue llamada la antecámara, encontraron estatuas, vestidos, comida, vasijas, armas y tres camas fúnebres con forma de hipopótamo, de vaca y de leopardo. También se encontraban cuatro carros desmontados, uno para caza, otro de guerra y dos destinados a los desfiles. Y en estado de euforia se retiraron a sus casas a dormir.

Ahora tenían que esperar tres meses a la apertura oficial de la tumba en presencia de las autoridades egipcias. Pero Carter no podía esperar. A la noche del día siguiente se reunieron Carter, Lord Carnarvon, su hija Lady Evelyn y Arthur Callender un amigo de Carter, para ir en secreto a la tumba y verla de nuevo.

Cuando llegaron a la antecámara se fijaron que debajo de uno de los canapés con forma de animal había un hueco por donde posiblemente se abrieron paso los ladrones. En una de las paredes también se veía un gran boquete que después fue cerrado por las antiguas autoridades. Estaba claro que la tumba había sido profanada.

A Carter le llamaron la atención unas flores que aun secas guardaban cierta hermosura. Las hizo unas fotos y al querer cogerlas para verlas más de cerca, se desintegraron perdiéndose para siempre.

Sobre la pared de la derecha, encontraron rastros de excavación abandonada indicando que se pensaba ampliar la cámara unos dos metros hacia el norte. La estancia fue utilizada originalmente para depositar el material del embalsamamiento del rey, que tras los robos fueron trasladados al interior de la tumba o a la KV54, lugar donde Davis había encontrado los objetos con el nombre de Tutankamón.

Los arqueólogos reabrieron por la parte de abajo el agujero que ya habían hecho los ladrones y arrastrándose a través de él, llegaron a otra cámara. Lo que vieron superaba todas sus expectativas, no se lo podían creer. Las paredes estaban hermosamente pintadas y delante de ellos había una enorme capilla dorada que llenaba toda la estancia hasta el techo. Aquella era la cámara del sarcófago. Definitivamente encontraron su deseado tesoro. En ese punto decidieron poner fin a su “excursión secreta” e irse. A la salida, intentaron tapar el agujero con una cesta y pajas para que pasara desapercibido el día de la apertura oficial.

En Mayo de 1923 se hizo la ceremonia de apertura oficial y fue todo un éxito, era tanta la emoción entre los presentes que nadie se dio cuenta del agujero que hicieron durante su paseo nocturno.  El descubrimiento de la tumba y los tesoros encontrados en ella tuvieron cobertura mundial en la prensa y renovaron el interés del público por el Antiguo Egipto. Egipto se puso de moda y Tutankamón era la estrella. 

Carter contrató para su equipo a varios expertos de reconocido prestigio, entre los que se encontraban conservadores de antigüedades, especialistas en textos antiguos, catalogadores y dibujantes. El Museo Metropolitano de Nueva York le prestó al fotógrafo arqueológico Harry Burton que fotografió todos los objetos encontrados tal como se encontraron en la tumba y también después de retirarlos. Cada objeto que sacaban de la tumba, cada objeto que catalogaban reescribía los libros de historia, cada día se iban describiendo nuevos aspectos de la cultura egipcia que nunca se habían conocido hasta el momento. El antiguo Egipto manaba por la puerta de la última morada de Tutankamón.

A finales de febrero de 1923 Lord Carnarvon es picado por un mosquito, y una mañana mientras se afeitaba, se cortó la picadura que comenzó a infectarse y a producirle fuertes fiebres. Aunque poco a poco parecía recuperarse su salud quedo muy mermada.

El 16 de febrero de 1923 llegó el momento de entrar en la cámara del sarcófago. Esta habitación presentaba un desnivel de un metro respecto a la antecámara y contenía 300 objetos además del sarcófago situado en el centro. Es la única cámara decorada, sus paredes estaban enyesadas y pintadas. En éstas pinturas se representaban distintas escenas del libro de los muertos sobre un fondo amarillo dorado. En la pared de la derecha se podían ver a los dioses Anubis, Isis y Hathor. En la pared del fondo, están Nut y Tutankamón que, seguido por su Ka, es llevado al reino de los muertos por Osiris.  En la pared de la izquierda, hay un sacerdote  que está practicando el ritual de la apertura de la boca.

En el centro de la cámara se erguían cuatro capillas de madera recubiertas de oro, alojadas una dentro de otra. La capilla externa ocupaba casi toda la cámara dejando libres 60 cm a los extremos y menos de 30 en los costados.

Carter abrió la puerta de la primera capilla y descubrió que la puerta de la segunda capilla aún tenía el sello sin romper y en él estaba escrito el nombre de Tutankamón. Después de retirar todas las capillas se encontró con el sepulcro, tallado a partir de un único bloque de cuarcita roja.

Lord Carnarvon viajó al Cairo en marzo de 1923, fue a cenar, al cine y luego a su hotel, donde ya entró en la habitación con una fiebre extremadamente alta. Su salud fue empeorando hasta desarrollar neumonía y una infección en la sangre que finalmente le produjeron la muerte el 5 de Abril 1923 a los 57 años de edad. Cuenta la leyenda que en el mismo instante de su muerte, todas las luces del Cairo se apagaron, y en Inglaterra, su perro aulló misteriosamente para luego caer fulminado en su casa en Hampshire. 

Aunque en la tumba de Tutankamón no se hayo ninguna, es cierto que en las puertas de algunas tumbas egipcias, se escribían maldiciones advirtiendo de lo que te podía pasar si te atrevías a perturbar el descanso del faraón. Generalmente son una lista de infortunios como: tu primogénito será asesinado o te devorará un cocodrilo o a ti y tu familia os matará una enfermedad. Esto sumado a la gran imaginación de algunos periodistas que hacían lo que fuera para subir las ventas de periódicos, crearon una jugosa historia que cautivó a todo el mundo. Había nacido la “Maldición del faraón Tutankamón”

Otro de los hechos que alimentaron la “maldición” fue que el día en que Carter abrió la tumba, una cobra se comió a su mascota, un canario (las cobras en el antiguo Egipto protegían a los faraones).

A la muerte de Lord Carnarvon le siguieron otras. En septiembre de ese mismo año su hermano Aubrey Herbert, que estuvo presente en la apertura de la cámara del sarcófago, murió inexplicablemente en cuanto volvió a Londres. Arthur Mace, el hombre que dio el último golpe al muro para entrar en la cámara del sarcófago, murió en El Cairo poco después, sin ninguna explicación médica. Sir Douglas Reid, que radiografió la momia de Tutankamón, enfermó y volvió a Suiza donde murió dos meses después. La secretaria de Carter murió de un ataque al corazón, y su padre se suicidó al enterarse de la noticia. Un profesor canadiense que estudió la tumba con Carter murió de un ataque cerebral al volver a El Cairo. George Jay Gould, amigo de Carnarvon, se trasladó a Egipto, después de la muerte de su amigo, para ver el lugar con sus propios ojos. Murió de neumonía después de resfriarse tras visitar la tumba. Richard Bethell, que había ayudado a Carter a clasificar el tesoro, murió a los 49 años de edad, al parecer suicidado. Al parecer, la maldición estaba empezando a actuar causando temor en la gente, incluso los  escépticos hablaban de ella  con cierto respeto, ¿y si fuera real?

El 24 de febrero de 1924 el mundo entero esteba expectante, por fin Carter abriría la tapa del sarcófago.

“Levantamos una enorme losa de más de una tonelada y cuarto, la imagen que apareció ante nuestros ojos nos dejó pasmados al principio, el contenido estaba totalmente cubierto por mortajas de lino oscuro, enrollamos estas mortajas y gritos sofocados de asombro escaparon de nuestros labios, enfrente teníamos una efigie de oro del joven rey niño”

Diario de Howard Carter

Llegó el momento de abrir el ataúd, era excesivamente pesado, tuvieron que utilizar unos andamiajes con poleas y la fuerza de ocho hombres para sacarlo de su lugar. Se preguntaban por qué era tan pesado. Al abrir el primer ataúd de madera chapado totalmente de oro, se despejaron todas las dudas, en su interior encontraron otro de similares características también chapado en oro. Y al quitar la tapa del segundo ataúd encontraron otro igual pero esta vez completamente de oro.

“Descubrimos algo asombroso, el tercer ataúd estaba hecho de oro sólido, una enorme máscara de oro puro” Diario de Howard Carter.

Diario de Howard Carter.

Dentro de este ataúd de oro, encontraron la momia del joven faraón, con la cabeza y los hombros cubiertos por la célebre máscara. A las 9:45 de la mañana del 11 de Noviembre de 1925, El equipo de Carter estaba preparado para iniciar la autopsia del faraón. Tutankamón medía 1,85 metros de estatura, era de complexión delgada y tenía alrededor de 18 años cuando murió. Tras la autopsia, el arqueólogo continúo vaciando de objetos otras dos cámaras que poseía en la tumba: La llamada por Carter “la cámara del tesoro” y un anexo.

A la izquierda de la pared del fondo de la antecámara, hay un pequeño paso, que permite el acceso a otra habitación cuyo suelo tiene un nivel de 90 cm por debajo de la anterior. Carter la llamó “anexo” y esta habitación tampoco tenía decoración en las paredes. Contenía en desorden, cestas, muebles, armas, comida, jarras de vino, una vajilla de calcita, ungüentos y perfumes, maquetas de barcos y ushebtis: 280 grupos de objetos que sumaban en total dos mil piezas.

La cámara del tesoro, contenía alrededor de 500 objetos. Entre esos objetos, había once remos para la “barca solar”, frascos de perfumes, lámparas decoradas con el dios Hapy y el Templete canópico de Tutankamón, cuyos cuatro lados están decorados con imágenes de las diosas Isis, Neftis, Serket y Neit, y que contenía el cofre, donde albergaba los vasos canopos con las vísceras del faraón. Se ha estimado que el 60% de las joyas depositadas en esta habitación fueron robadas.

La tumba de Tutankamon recibió el nombre de KV62, por ser la número 62 descubierta en el Valle de los Reyes (King Valley en inglés).

Se tardó casi una década en vaciar, fotografiar, numerar, catalogar y trasladar al Museo Egipcio de El Cairo las más de 5.000 piezas, incluida la máscara funeraria de oro macizo de Tutankamón. Gracias a la riqueza y variedad de los objetos encontrados y al excelente y minucioso trabajo del equipo de Carter se pudieron conocer muchos aspectos de la vida del Antiguo Egipto, desde los avances científicos y tecnológicos a los aspectos artísticos plasmados en innumerables objetos.

El equipo multidisciplinar que se encargó del proyecto de excavación de la tumba del faraón Tutankamón, con Howard Carter a la cabeza, tras años de estudios e investigaciones llegó a las siguientes conclusiones:

Tutankamón pertenecía a la dinastía XVIII de Egipto y reinó de 1336 a 1327 a. C. No fue un faraón notable ni relevante en  su época, ni pasara a la historia por sus épicas gestas o por grandes acontecimientos durante su reinado, su gobierno se caracterizó por un retorno a la normalidad en el plano socio-religioso después de que su predecesor, Akenaton, tras varios cambios muy controvertidos, como fue pasar del culto a varios dioses al culto a uno solo, dejara el imperio sumido en el caos. Pero su nombre se haría mundialmente famoso por ser hasta ahora la única tumba real encontrada con un ajuar funerario tan variado, numeroso, bien conservado y prácticamente intacto.

Y decimos prácticamente, porque dicha tumba fue saqueada al menos dos veces no mucho después del entierro, ya que hay evidencias de que en las puertas selladas se practicó una abertura en las esquinas superiores, pero el contenido de la tumba fue restituido y se volvió a sellar. Hay dos teorías que podrían explicar porque los saqueadores no se llevaron todo el tesoro: la primera es que ya estando dentro de la tumba los ladrones advirtieran que los vigilantes se acercaban a la tumba y salieran corriendo con lo poco que tuvieran en las manos y días después alguien se diera cuenta de los boquetes de las puertas y los taparan. Y la segunda es que pillaran infraganti a los ladrones dentro de la tumba lo cual conllevaría trágicas consecuencias para ellos. Después de estos saqueos unas inundaciones que se produjeron en del valle arrastraron barro y escombros sobre la tumba enterrándola por completo y haciéndola desaparecer hasta nuestros días.

Las causas de su muerte aún hoy nos son desconocidas, aunque los expertos barajan dos hipótesis. Una es que pudo morir de malaria ya que durante su mandato, una epidemia causó grandes estragos entre su pueblo y en la tumba se encontraron medicamentos para combatir la fiebre. Como en la autopsia de la momia el faraón presentaba un fuerte traumatismo en la cabeza, la otra teoría es que pudo morir en un accidente de carro o asesinado quizás por su sucesor.

Tutankamón se casó con Anjesenamón y parece que debieron tener dos hijas que nacieron muertas, pues en la tumba del rey se encontraron dos pequeños féretros que contenían dos fetos femeninos, uno de cinco meses de gestación y el otro debió morir al nacer.

La tumba no parece haber sido diseñada para un faraón, más bien parece la de un noble que haya sido adaptada de forma precipitada por la prematura muerte del faraón, como indica el hecho de que sólo fueron pintadas las paredes de la cámara del sarcófago, a diferencia de otras tumbas reales en que todos sus muros tienen escenas del Libro de los muertos.

La tumba tiene un máximo de altura de 3, 68 metros, una anchura máxima de 7, 86 m. y una longitud de 30, 79 metros. Suma un área total de 109, 83 m².

Los alimentos que se encontraron en la tumba eran panes, pasteles de trigo y cebada, espalda de buey y costillas de cordero condimentadas con especias y miel, treinta grandes jarras de vino, así como dátiles, higos, uvas y almendras. Entre las armas había 46 arcos, desde uno infantil de 30 cm hasta otro de 1,8 m de largo, mazas, bumeranes y cuchillos. En total se encontraron seis carros desmontados, cuatro de ellos de ceremonia, de madera revestida con oro e incrustaciones de cristal, y los otros dos más ligeros debían ser para cazar. El faraón debió coleccionar bastones, pues aparecieron 130, todos diferentes de ébano, marfil, plata y oro, y entre ellos se encontró uno sencillo de una simple caña con bandas de oro con la inscripción “una caña que su majestad cortó con sus propias manos”. Entre la ropa se hallaron más de cien taparrabos triangulares de lino que se ataban a la cintura y 27 pares de guantes.

Trece capas de lino envolvían la momia del rey; hasta 143 joyas y amuletos se encontraron entre los pliegues de las telas cuyo fin era proteger la transformación del faraón de la muerte a la inmortalidad, entre ellos, la máscara que cubría su cabeza, un pectoral de oro con el dios Horus que le protegía colgado al cuello y, en la cadera derecha, un cuchillo de oro con la hoja de hierro.

Tras la finalización del gran proyecto en febrero de 1932, Carter se retiró de la arqueología. Quizás en su interior sabía que nunca podría igualar su gran descubrimiento o quizás pudo ser la edad, por esa época tenía 58 años y más de 40 escavando en Egipto. Se mudó a Inglaterra donde más sosegadamente se dedicó a dar charlas y a comerciar con antigüedades. El arqueólogo decidió  que ya era el momento de vivir una vida más tranquila y acomodada.

Pero durante los años que Howard Carter estuvo trabajando en la tumba, la maldición seguía haciendo de las suyas. Para 1929, unas 16 personas relacionadas con Lord Carnarvon o Carter fallecieron.

La novelista gótica Marie Corelli alimentó más la historia, afirmando poseer un primitivo texto árabe que mencionaba las maldiciones que seguirían a la apertura de la tumba.  Incluso el escritor Arthur Conan Doyle, el creador del detective Sherlock Holmes, intensifico más la polémica al declararse abiertamente creyente en la maldición. 

La presunta maldición reapareció en las décadas de 1960 y 1970, cuando algunas de las piezas de la tumba de Tutankamón viajan por Europa para mostrarlas en varias exposiciones temporales organizadas en museos. Los directores de dichos museos murieron poco después de aprobar los traslados.

Los científicos, por su parte, prefieren apuntar a otras teorías. Los insectos o las bacterias presentes en las tumbas de Tutankamón pudieron acelerar la muerte de Carnavon, quien padecía diversos problemas de salud. Otro estudio arrojó que las momias antiguas pueden portar Aspergillus Níger y Aspergillus flavus, dos tipos de moho que ocasionan reacciones alérgicas que van de una simple congestión nasal a una hemorragia pulmonar.

Howard Carter, el principal “implicado” en la supuesta maldición, falleció en 1939 a los 64 años, de muerte natural, 17 años después que abriera la tumba. Su frase preferida cuando le hablaban de la “maldición” era: “Todo espíritu de comprensión inteligente se halla ausente de esas estúpidas ideas”.


MAPA VALLE DE LOS REYES
VALLE DE LOS REYES

Fuentes
Documental del canal A&E, “Howard Carter, triunfo y tesoro”
Guioteca.com
Wikipedia

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